El esquileo y el marcaje con pintura por jóvenes del entorno de Santa Olalla del Cala (municipio en el que se ubica la Fundación Monte Mediterráneo); la preparación de carlancas o carrancas para proteger de heridas graves el cuello de los mastines por ataque de los lobos que lleva a cabo Carlos, un guarnicionero de Monesterio (Badajoz) que se ha incorporado al proyecto tomando el relevo de los artesanos que se han ido jubilando; o la puesta a punto de badajos y cencerros por parte de nuestro pastor Paco que atesora toda una vida de conocimiento trashumante; son algunas de las tareas que estas semanas la Fundación está llevando a cabo en el rebaño que en los próximos días viajará a las montañas palentinas, donde permanecerán hasta finales del otoño.
¡Y es que la trashumancia hoy, lejos de ser una reliquia histórica, constituye un patrimonio activo de gran potencia, como patrimonio de la identidad colectiva, como Bien de patrimonio inmaterial, como actividad gestora del medio y como elemento regulador del cambio climático!











