La trashumancia es una ancestral herramienta para gestionar ganado, principalmente ovino, que, a su vez, tiene importantes implicaciones ecológicas y socio-culturales. 

Es el movimiento de ganado entre las zonas del sur de España en las temporadas de verano, con temperaturas calurosas, escasez de agua y pasto a las zonas de montaña en el norte de España, las provincias de León, Palencia, Burgos… Mientras que en las tierras del sur descansan, el suelo no se compacta y se puede preparar para absorber las lluvias otoñales, en el norte, las ovejas limpian los puertos de matorral, crean biodiversidad, abonan, impiden incendios forestales, etc.

La biodiversidad de flora creada permite, por ejemplo, la producción de miel y forma un atractivo turístico, entre otros. Especies de fauna en peligro de extinción o catalogados como raras, como el urogallo, el oso, etc. sobreviven gracias a la presencia de ovejas en los puertos.

Los pastores, un oficio poco reconocido, durante siglos, fueron la clave de un bienestar económico en España gracias, entre otros factores, a la producción de la prestigiosa lana merina, cuya calidad aumenta si las ovejas trashuman. Estos pastores cumplen un oficio en vías de extinción, con problemas para encontrar jóvenes, y con una edad media de pastoreo muy elevada.

Los ganaderos de oveja merina, en el siglo XII crearon el Honrado Concejo de la Mesta, el agrupamiento de ganaderos con un espíritu empresarial ejemplar y pionero en su tiempo. Muchos años después, en 1765 había 5.600 000 ovejas merinas, de las cuales 3.500 000 trashumaban.

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